La fragilidad masculina no es un mito. De hecho, es un tema tabú que interesa que siga a la sombra. Sin embargo, la fragilidad del hombre existe y proviene de lo que los psicólogos denominan “pérdida de rol”. El cuestionamiento de los roles de género iniciado en los años 70 ha desafiado muchas certezas/costumbres, alterando la estabilidad de antaño que mantenía unida a la pareja. La liberación femenina ha sacado a la luz la dependencia y la debilidad de los hombres, hasta entonces escondida. En consecuencia, esta pérdida de rol ha generado confusión y estrés que los hombres desean ocultar para que no afecte a su prestigio social ni debilite su propio estatus. El resultado es una proliferación de desórdenes físicos, psicológicos y psicosomáticos que pueden llegar afectar a la esfera sexual. Sin embargo, para los hombres el silencio o la ocultación de su debilidad no es nunca la solución, sobre todo cuando ésta deriva en problemas relacionados con el sexo. Hablar sobre sus problemas con sus parejas y el médico les ayuda a no mostrarse débiles, al contrario, es un síntoma de fortaleza y valentía. Sólo de esta manera pueden ayudarse a ellos mismos a identificar qué es lo que va mal y solucionarlo.


La eyaculación precoz, eyaculación retardada, disfunción eréctil, pérdida de libido, exceso de deseo: la lista de desórdenes sexuales que pueden afectar al hombre es larga, y frecuentemente, se deben a factores hormonales. La sexualidad masculina está fuertemente influenciada por la testosterona, una hormona producida desde el nacimiento en ambos sexos. La testosterona “sincroniza” el deseo con el propio acto sexual, regulando el principio y el final de
la erección. La testosterona es por tanto el “centro” de la masculinidad, pero sus niveles no son estables ni constantes. La reducción o ausencia de sexo reduce la cantidad de testosterona producida por los testículos, mientras que el resurgimiento de la actividad sexual recupera los niveles habituales. Por esta razón, la mejor cura para la pérdida de libido es mantener relaciones de nuevo.


La dificultad para hacer el amor no es una enfermedad en sí misma, pero sí un síntoma de uno o varios problemas. El acto sexual requiere de estructuras nerviosas que transportan señales sensoriales al cerebro permitiendo dar órdenes, arterias que permiten a la sangre fluir hacia el pene y venas que evitan que salga, además de un equilibrado sistema hormonal
. Cada una de estas partes puede presentar problemas resultando en un defecto. Tal y como ocurre con un coche, es necesario identificar el problema.

 

Referencias
  1. Melandri L. Itinerari 2011;3.
  2. Jannini EA, Simonelli C, Lenzi A. Journal Of Andrology 2002;25:317-23.
  3. Jannini EA, Screponi E, Carosa E et al. Int J Androl 1999;22(6):385-92.
  4. Foresta C, et al. Int J Androl 2009;32(3):198-211.

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